Hace 10 años, Bell & Ross, en su apuesta permanente por ofrecer argumentos sólidos y  con una dosis de espectáculo a sus relojes instrumento, lanzaba un llamativo modelo con el rojo como protagonista de la esfera: el Red Radar. Una pieza de corte futurista inspirada en la pantalla de radar de un avión que regresa de nuevo a la oferta con el BR 03-92 Red Radar Ceramic. Una pieza que  formará parte de la colección Flight Instruments (Instrumentos de Vuelo) de Bell & Ross, que reúne a todas las creaciones inspiradas en los instrumentos de a bordo de los aviones. 

El estilo de este BR 03-92 Red Radar Ceramic es tan moderno como siempre. Su pantalla rompe los códigos tradicionales relojeros, en donde la hora se puede leer mediante un sistema de discos giratorios combinados con una aguja analógica. La esfera está rematada con un cristal de zafiro rojo. Con un diámetro de 42 mm de diámetro, se ha optado por utilizar cerámica para la caja y se producirán 999 piezas.

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Como ocurrió hace una década, la imagen del BR 03-92 Red Radar Ceramic es impactante; tanto como lo es su sugerente manera de ofrecer la lectura horaria.

El sistema consta de dos discos concéntricos y ultraligeros que se fusionan con la esfera y reemplazan las agujas de las horas y los minutos. Como novedad importante, los discos mueven dos pequeños aviones, dando la impresión de que vuelan sobre la esfera. La escala horaria está serigrafiada en el interior del cristal de zafiro. Estos discos, muy resistentes, no se deformarán y mantendrán un paralelismo constante, porque lo más importante es que había que garantizar la precisión del movimiento, que podría haberse visto alterada por la fricción. El ensamblaje de cada uno de estos componentes se registra al milímetro.

El principio de funcionamiento del reloj es muy sencillo. Los discos giratorios sustituyen a las agujas convencionales y los dos aviones, reemplazan a las tradicionales flechas. Mientras el avión de pasajeros se desplaza en el disco más grande y externo, y por tanto lo que señala son las horas, el avión de combate lo hace en el disco de menor diámetro, más cerca del centro de la esfera, y se encarga de marcar el paso de los minutos. Como complemento, una fina aguja central analógica acompaña a estos dos aviones, para ofrecer la lectura de los segundos. En esta alegoría temporal, el avión de pasajeros viaja más lentamente que la aeronave de combate; es decir, como lo haría en realidad. El primero completa una vuelta del dial en 12 horas, el segundo en sesenta minutos.

Si desmenuzamos la esfera de este reloj que se mueve  con un calibre de carga automática, se descubre que hay dos niveles en la misma. En el nivel inferior es donde se concentran los discos y los aviones. En el nivel superior, en el interior del cristal de zafiro, se ha impreso la escala horaria. Entre uno y otro, se desplaza la aguja de los segundos.

El contraste entre la esfera y la caja de cerámica negra se prolonga en la pulsera, donde se puede elegir entre el caucho negro y tela sintética ultrarresistente, también en color negro.

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