Antes de ponerse de moda los relojes de pulsera femeninos, allá por los años 1920, las damas utilizaban los relojes secretos, llamados así porque se ocultaban tras un colgante o pieza de joyería, ya que la buena educación exigía mirar la hora con discreción. El gesto cotidiano de mirar la hora en la muñeca femenina vino más tarde y fue obra del ingreso de la mujer en la vida activa.

Pero es tal el encanto de estas piezas ocultas, que se volvió a poner de moda en los años 1930 y 1940, que firmas de la relevancia de Van Cleef & Arpels, Cartier, Chopard, Chanel, Breguet o Piaget no han podido sustraerse a la tentación de seguir fabricándolos en la actualidad. Y lo hacen en toda su plenitud: haciendo del reloj una auténtica joya, y de la hora, un placer oculto.

Este es el caso de la colección Ludo, que reinterpreta una creación icónica de Van Cleef & Arpels de 1934. Haciendo honor al apodo de uno de los miembros fundadores de la maison, la pulsera Ludo con forma de cinturón fue un accesorio de moda, que destacaba por su malla flexible y su hebilla engastada con piedras preciosas. En 1935 se crearon los primeros relojes secretos Ludo inspirados en esta pulsera.

Este año, Van Cleef & Arpels renueva la estética de los relojes en oro amarillo guilloché. Este motivo decorativo se inspira en una técnica ancestral empleada por la casa desde la década de 1910 en accesorios, objetos excepcionales, joyas y relojes. En esta interpretación, las líneas irradian en forma de rayos de sol, creando un matizado juego de luces que cambia con los diferentes momentos del día.

En sus dos variantes de oro rosa, el reloj secreto Ludo presenta un engaste de zafiros rosas o diamantes que aumentan gradualmente su diámetro a medida que irradian desde el centro. 

Al igual que la creación original, la malla flexible de eslabones de la pulsera evoca un cinturón. Como si se tratara de una tela finamente tejida, los eslabones se ensamblan cuidadosamente a mano, uno a uno, para lograr una articulación y flexibilidad óptimas. Siguiendo la ilustre tradición de los relojes secretos de Van Cleef & Arpels, la pulsación simultánea de los dos motivos engastados abre la tapa que revela una esfera guilloché de nácar blanco.

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