LA CREATIVIDAD ES UN EJERCICIO que no conoce límites y menos aún tiene género. Audemars Piguet, como bien muestra en el espectacular museo que acompaña al trabajo del día a día de la manufactura, luce esta cualidad como una de sus fortalezas y también como uno de sus elementos distintivos. Es evidente también que en los últimos años hemos visto que la relojería ha prestado una atención especial a la oferta de relojes femeninos, que entre otras cosas ha crecido exponencialmente en su demanda. Las mujeres aprecian de tal forma el trabajo y el valor de la relojería que las marcas han apostado por crear líneas de trabajo exclusivas donde ellas son las protagonistas. Para muestra, estas cuatro piezas de Audemars Piguet que profundizan en distintos escenarios de ese universo femenino. Lo hacen con una estética a veces impactante, en otras modificando con elegancia valores clásicos… en definitiva, aportando una personalidad a un estilo y a una forma de entender la relojería. 


El efecto arcoiris del bisel es tan llamativo como el trabajo de esqueletado que se ha realizado en el Royal Oak Frosted Gold Doble Volante. Esta disponible en tres
nuevas referencias de 41 y 37 mm. 

Como la que muestra el Royal Oak Frosted Gold Doble Volante Esqueleto, de la que se han declinado tres nuevas referencias –por primera vez en 41 mm y también en 37 mm, y declinadas en oro blanco, rosa o amarillo–, todas ellas con un bisel arcoíris de gemas multicolores como elemento diferenciador. Todo un espectáculo integrado por 12 tipos de piedras (rubí, tsavorita, esmeralda, topacio, tanzanita, amatista y varios zafiros de colores), ejecutados en talla baguette y un total de 1,91 quilates (32 piezas). A ello se le  suma la técnica frosted gold, creada por primera vez en colaboración con Carolina Bucci en 2016 para rendir homenaje al 40º aniversario del primer Royal Oak femenino. Básicamente, esta técnica consiste en ejecutar minúsculas hendiduras en el oro con una herramienta de punta de diamante; el resultado es un efecto brillante similar al que ofrecen las piedras preciosas. A todo ello hay que sumar el efecto mecánico, el que ofrece el calibre 3132, un movimiento esqueleto dotado de mecanismo de doble volante. Esta innovación patentada fue presentada por la manufactura en 2016, y entre otras cosas mejora la precisión y la estabilidad del reloj con sus dos volantes y dos espirales ensamblados en el mismo eje. Un complejidad relojera que se acompaña de puentes esqueletados que permiten contemplar parte del tren de rodaje en los lados de la esfera y del fondo. El esqueletizado es una especialidad de Audemars Piguet desde los años treinta, y con el se busca el equilibrio entre la estética y la funcionalidad. Tiene una particularidad: el movimiento se ejecuta en sentido inverso a lo que es habitual.

La combinación de oro rosa y color morado del Royal Oak Cronógrafo Automático de 38 mm no solo es llamativa, sino también novedosa. En su interior, el calibre 2385 de carga automática

No menos impactante es el efecto que provoca el nuevo Royal Oak Cronógrafo Automático de 38 mm. Por vez primera, Audemars Piguet añade a su colección un reloj de oro rosa de 18 quilates macizo y tiene el añadido del bisel engastado con amatistas de talla baguette (32 en total). Esta nueva referencia solo se puede encontrar en las boutiques AP y amplía la gama de esta línea iniciada por la firma en 2019. La caja y el brazalete de oro rosa alternan las superficies pulidas y satinadas, uno de los detalles distintivos en el trabajo de Audemars Piguet. En el interior de esta brillante propuesta, late el calibre 2385 de carga automática con funciones de cronógrafo, horas, minutos, segundero pequeño y fecha, el complemento perfecto para una pieza que también impresiona con el tono morado de su esfera… que por su puesto se declina con el motivo Grande Tapisserie. Este tono tiene un efecto camaleónico dependiendo de la posicición desde la que se observe la esfera. Para lograrlo, se han aplicado varias capas de PVD morado y la gama cromática resultante va del rosa al morado, pasando por todos los matices azules.

La cerámica acompaña a un buen número de creaciones de Audemars Piguet. Pero esta es la primera vez en este diámetro que se emplea la cerámica; en este caso se ha optado por la tonalidad negra. 

En este nuevo repertorio femenino de Audemars Piguet no podía faltar el Royal Oak Automático, otro de sus best-sellers, declinado en diámetro de 34 mm; ahora, por primera vez, presenta una creación realizada íntegramente en cerámica negra, tan solo realzada con detalles de oro rosa, presentes tanto en los índices como en las agujas horarias de la esfera y en la clásica tornillería del bisel. Una pieza de marcada elegancia y sobriedad, que alberga el movimiento automático, calibre 5800, concebido expresamente para esta línea y presentado el pasado año. Con 50 horas de autonomía de marcha, este reloj presenta además una hermeticidad hasta 50 metros. Y si miramos a su fondo transparente, hay que destacar el hipnótico atractivo de su masa oscilante de oro rosa. 

El Royal Oak Automático inauguró el diámetro de 34 mm el pasado año y se ha mostrado como la medida perfecta para la mujer. En estas nuevas propuestas el acabado frosted gold, la técnica empleada por primera vez en 2016 por la casa, tiene su protagonismo en las nuevas creaciones.

Desde que Audemars Piguet lanzara su colección Royal Oak Automático en 34 mm en 2020, cada versión de esta emblemática línea ha destacado por su refinada puesta en escena. Buena muestra de ello hay que considerar a esta nueva incorporación con el acabado frosted gold. Esta técnica es reproducida en esta ocasión sobre una caja de oro blanco y se acompaña de una esfera Tapisserie en una también nueva entonación azul; una combinación única que rinde culto al saber hacer artesanal que siempre ha caracterizado a Audemars Piguet. Algo que también está presente en el calibre 5800, que conforme a la tradición se ha ensamblado y acabado alternando decoraciones como las Côtes de Genève, el  graneado circular y el satinado con efecto ‘rayos de sol’. Son cuatro formas de entender –y mostrar– la relojería en su visión más femenina; ejercicios que ante todo demuestran que no hay límites para la creación.

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