“No penséis siempre solo con la cabeza y no miréis solo las cifras. Escuchad también lo que os dicta vuestro interior”. Esta frase define a la perfección la vida y el legado de Hellmut Wempe, uno de esos emprendedores de los de antes, pero que también se anticipó a los tiempos creando ese concepto de marca necesario cuando se piensa en cualquier proyecto. Él fue quien dio el impulso a Wempe, hoy un referente tanto en la joyería como en su forma de entender la relojería, el que desde que llegó a la compañía con 18 años (Hellmut Wempe nació un 30 de abril de 1932 en Hamburgo), no cejó en su empeño de transformarla desde que abrió la primera delegación fuera de Hamburgo en 1966, en Lübeck.

En las décadas siguientes se suman muchas sucursales nuevas –en Bremen, Fráncfort, Colonia, Múnich o Berlín–; en 1980, hace realidad un sueño, el de abrir un espacio Wempe en la Quinta Avenida de Nueva York. Le seguirán otros emplazamientos internacionales, como París o Madrid, espacio en el que estuvo implicado personalmente en todo el desarrollo del proyecto. En 1997 el servicio técnico de relojería de la casa matriz de Hamburgo se amplía –hoy en día, cuenta con un segundo centro en Glashütte, Sajonia–, para dar un mejor servicio a los clientes, una de las claves para entender el trabajo de Hellmut Wempe y por extensión de la firma.

El que siempre repetía que “la empresa era mi vida”, algo fácil de entender cuando casi hasta el final visitaba las instalaciones de la firma en Hamburgo –había cedido el testigo al frente de la compañía a su hija Kim-Eva Wempe en 2003–, fallecía el pasado 29 de enero. Siempre nos quedará su legado.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí